Los europeos deben reaccionar y tener más confianza en su identidad cristiana. Lo dice la mujer musulmana con más alta responsabilidad política en Occidente, la ministra británica Sayeeda Warsi, que ha encabezado una nutrida delegación oficial al Vaticano en el 30 aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas. Warsee, de origen paquistaní, denuncia que para muchos políticos europeos la religión se ha convertido en objeto de suspicacia, e incluso lamenta la marginación del cristianismo bajo pretexto del respeto a las minorías.
Para que exista armonía social y haya auténtico diálogo la gente necesita sentirse fuerte en su identidad religiosa y no tener que esconder su fe. Ése es el concepto de laicidad que propone la Iglesia, el que ha explicado el Papa en la ONU y en otros foros. La visita de Benedicto XVI al Reino Unido abrió allí un vivo debate. La máxima autoridad británica del judaísmo, por ejemplo, dijo recientemente en Roma que Europa se encamina hacia el suicidio si niega sus raíces espirituales. Puede sorprender que lo afirme un no cristiano, aunque no tanto tras haber escuchado al Papa en el Bundestag: el modelo político y social que históricamente han promovido los cristianos no es de tipo confesional, sino conforme a la razón y al derecho natural, explicó el Papa. Una sociedad impregnada de cristianismo no impone la fe, sino que garantiza la libertad de todos.